América Central

En el Martes de Diálogo con el NIMD y la Unión Europea en Honduras, socializamos los resultados de un importante estudio realizado con la finalidad de conocer los desafíos existentes para el diseño e implementación de políticas sociales que contribuyan a la reactivación de las economías latinoamericanas abatidas por la pandemia del COVID-19.

En este diálogo participaron expertos economistas con una larga y reconocida trayectoria, como Héctor Soto, Julio Raudales y Rodulio Perdomo, con la moderación de Luís Daniel León, director ejecutivo del NIMD Honduras.

La crisis sanitaria y económica generada por el COVID-19 ha impactado de manera significativa en la calidad de vida y las condiciones socioeconómicas de las economías mundiales, y la región latinoamericana no escapa a esa realidad.

El modelo económico, la precarización de las condiciones de bienestar, las particularidades del mercado laboral y, la protección social marcada por su enfoque residual ha provocado profundas incógnitas sobre el impacto que el COVID-19 generará en las economías, y particularmente en las condiciones de pobreza, exclusión y vulnerabilidad social. Todo esto obliga a repensar un rol del Estado con mayor presencialidad para superar esos desafíos y discutir cuales deben ser las características de las políticas sociales para superar la evidente recesión económica y precariedad social que marcará la agenda pública de los próximos años.

Desafíos para fortalecer la democracia y rescatar la economía

Como autor de este estudio, Héctor Soto, manifestó que “estamos frente a una crisis que inició siendo sanitaria pero que ahora se ha vuelto muy sistémica que abarca elementos de tipo económico, social y político. El vacío de liderazgos va a poner entredicho el futuro de los modelos de integración económica, nadie puede negar que el COVID va a impactar en elementos sociales, particularmente la pobreza y el hambre. Esta pandemia ha evidenciado algunos conflictos sociales y políticos que estaban latentes y que hoy están emergiendo, por ejemplo, la sociedad civil ha perdido terreno frente a los gobiernos”.

La caída del crecimiento económico es a nivel mundial, diferentes organismos internacionales indican que el PIB puede estar cayendo a un 7%, pero se proyecta que, en el último trimestre de este año, las economías se van a reactivar. En el caso de América Latina el impacto es mayor, ya que, según datos de la CEPAL, la economía se va a contraer hasta un 9 por ciento, y Centro América se está previendo una caída del -8% en el PIB, en parte por la caída de las remesas, el frenón que tiene la demanda agregada en Estados Unidos y por la caída del turismo.

Según el estudio, en término de las remesas, la crisis va a golpear muy fuerte a Centroamérica. En el caso de Honduras la participación de las remeses es del 20 por ciento del PIB, que pone en una relación de dependencia de correlación con lo que ocurre en otras economías como la de Estados Unidos. En América Latina, el desempleo va a pasar de 8 al 13 por ciento, es decir el número de desempleados va a llegar a 44 millones, impactando en más de 40 millones de familias y afectando a más de un tercio de la población. Y a esto hay que sumar que los niveles de pobreza se van a incrementar a 45 millones de nuevos pobres a finales de este año.

“Plantear puntos de partida, para hablar de los enormes desafíos que enfrentan los países en el marco de la crisis es necesario comprender el verdadero alcance en término de responsabilidades del estado, del sector empresarial y de las personas como agentes económicos en los desafíos por reconstruir nuestras economías. En el caso de Honduras, hay un desafío permanente por reconstruir la democracia y ahora post COVID un nuevo desafío por reconstruir la economía”, concluyó Soto.

Frente a la crisis económica hay un nuevo estado de malestar social

En el caso de Honduras, Rodulio Perdomo, resaltó que el comercio internacional está primando la reprimarización, la población está preocupada por suplir y asegurar su alimentación, la gran paradoja es que en Honduras no podemos aprovechar eso, porque somos importadores. Nos encontramos con que no contamos con políticas públicas ágiles para responder a la crisis. Y que no hay debate democrático, no hay fuerzas de oposición articulada, ni mínimo bienestar social, lo que tenemos es una fragmentación política que incrementa la sensación de orfandad política. Hemos construido un nuevo estado de malestar social con más pobreza y con menos clase media. Si tenemos malestar social en proceso de consolidación”.

Por su parte Julio Raudales, afirmó que, “frente a este panorama sombrío para el país, donde se ha priorizado las políticas monetarias y no por una política fiscal ordenada, para estimular la oferta agregada y no tanto la demanda. Es un grave error gastar la poca plata que tenemos en bolsitas solidarias en vez de estimular la oferta agregada, estimular el trabajo y el capital humano. Debemos volver al campo y retomar la reforma agraria, invertir todos los recursos en asegurarnos la alimentación. Es preocupante la desconfianza en el país y es la democracia esa plataforma para generar confianza. Debemos apostar al desarrollo de la economía de las ideas, sigo pensando que el mayor tesoro que tiene Honduras es su gente, hay que hacer todas las tareas para impulsar sus ideas y la forma más rápida de generar riqueza es a través de las ideas”

Conclusiones:

  • Es un desafío para Honduras reconstruir la economía y su democracia.
  • Volver al campo y designar los recursos del Estado para garantizar la seguridad alimentaria post pandemia.
  • Priorizar la política fiscal ordenada sobre la política monetaria, para estimular la oferta agregada y no tanto la demanda.
  • Apostar al desarrollo de la economía de las ideas, para impulsar las ideas que permitan superar la crisis.
  • Crear políticas públicas ágiles para responder a la crisis económica y social que se genera por la pandemia.
  • Impulsar la democracia como plataforma para generar confianza entre la población y fortalecer la gobernabilidad.
  • Trabajar en la unidad de la sociedad para evitar la fragmentación y la cultura de odio que se incrementa como pandemia.